La selfie es quizás el artefacto cultural que define a nuestro tiempo. Yo y la Mona Lisa, Yo y las pirámides, Yo y el Coliseo, Yo y las protestas, con el énfasis en el Yo, por supuesto; al menos COVID-19 había puesto fin a todo eso durante un tiempo. Por desgracia, parece que está volviendo. El narcisismo nunca muere. No es raro leer noticias sobre que el autor de una selfie que murió como resultado de una caída por un precipicio porque estaba tratando de tener una mejor imagen de sí mismo. Sé que en teoría la muerte accidental es algo trágico y muy lamentable, pero estaría mintiendo si no reconociera que pensé “él se lo busco” Tengo aversión a que me tomen fotografías, y mucho mas a las selfies. Esto no se debe a una loable modestia; más bien, es otra manifestación de vanidad, aunque negativa. Hasta que veo una fotografía de mí mismo, suelo pensar que soy más guapo de lo que imagino, y estoy alarmado por cómo me veo realmente. Mucho más gordo, más calvo, más viejo. No,...
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