DIVAGACIONES SOBRE CUENTOS

Repetir que X es una alcantarilla llena de detritus es una obviedad, pero a veces te hacen preguntas que te dejan pensando, como esta pregunta: ¿Cuál es el cuento que más habéis leído? ¿El que nunca olvidáis? ¿El que tiene que leer todo el mundo? Son preguntas que, aunque obvias, y hasta de respuestas más obvias, son necesarias. Todos tenemos nuestro altar literario, donde decimos que la historia literaria no va de la mano con lo entrañable de la historia; a veces lo personal marca, y mucho. Pero bueno, me alargo y respondí esa pregunta, de la que en estas líneas quiero dar respuesta a ello. Oh, vanidad.

EL CUENTO QUE MÁS HE LEÍDO

He leído muchas veces Solo para fumadores, de Ribeyro, obra maestra e íntima del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), que explora el acto de fumar como compañero inseparable de vida, que llega a formar parte de su identidad y su proceso creativo. De elegante escritura, erudito, lleno de referencias literarias explícitas y filosóficas (André Gide, Oscar Wilde, Thomas Mann) que elevan el acto de fumar de un simple vicio a una dimensión intelectual y artística, más allá de lo personal.


                                                                   Julio Ramón Ribeyro

“Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses —y en consecuencia leer mis cartas—, y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros”.

“El cigarrillo nos permite comunicarnos con el fuego sin ser consumidos por él. El fuego está en un extremo del cigarrillo y nosotros en el opuesto. Y la prueba de que este contacto es estrecho reside en que el cigarrillo arde, pero es nuestra boca la que expele el humo. Gracias a este invento completamos nuestra necesidad ancestral de religarnos con los cuatro elementos originales de la vida”.

EL QUE TIENE QUE LEER TODO EL MUNDO

Dalton Trevisan, nacido el 14 de junio de 1925 y fallecido el 9 de diciembre de 2024, es una figura literaria a la altura de su contemporáneo y mucho más conocido Rubem Fonseca, cuya obra tiene relación con ciertos estereotipos asociados a Brasil, de playa, Río, negritud, samba, sertón, mujeres bellas. Nacido y fallecido en Curitiba, una ciudad de gente introvertida y trabajadora, es la única capital de estado brasileña donde nieva (raras veces, pero aparece). Sus historias mezclan erotismo, violencia doméstica, conyugal, vidas grises en una ciudad en un entorno de pobreza del cual los personajes parecen no poder escapar. Las mismas situaciones: riñas conyugales, crímenes, suicidios, alcoholismo, dramas domésticos que van in crescendo, y que los personajes, dominados por fantasías de conducta, no son capaces de concretar. De esos cuentos siempre me ha parecido memorable La sopa, que está en su libro de cuentos Novelas nada ejemplares.

                                                                      Dalton Trevisan

La historia describe de forma condensada y visual la llegada de un hombre a su casa; machista, violento, acostumbrado a mandar sobre su esposa, una mujer resignada, y su hijo, que solo quiere huir de casa. Sube las escaleras arrastrando los pies, entra a la cocina sin hablar con su esposa ni lavarse las manos, y se sienta a la mesa. En un diálogo cargado de tensión, la esposa decide expresar su frustración:

“No espero nada de la vida. Pero no puedo verte comer. Sé que es triste para una mujer sentir asco por su marido. Chuparías la cuchara como si fuera tu última sopa. Comerías el pan como si te lo estuviera robando. No sé qué le hice a Dios para merecer este castigo tan miserable. Fui una buena mujer, aunque sienta asco. Lavo tu ropa, duermo en tu cama, cocino tu sopa. Haré esto hasta que muera. Pídeme lo que quieras. Solo que no me sientes a esta mesa contigo y tu sopa más negra”.

EL QUE NUNCA OLVIDO

En realidad, aquí son dos, y no puedo tomar una decisión definitiva. Uno es Los papeles de Aspern, de Henry James.

                                                                          Henry James

Hablar de Henry James (1843-1916) es hablar de un escritor que nos brinda una experiencia estética en su escritura, que es lectura obligada para el que desea escribir. Pero no podemos caer en la tentación de creer que James solo reparó en la forma. En esos trazos que delineaban una situación, un carácter, iba desarrollando el fondo de la cuestión, como lo hace en una de sus obras maestras: Los papeles de Aspern (1888), auténtica obra maestra del arte de escribir, cuento largo o noveleta que inició a partir de un chisme escuchado en Italia. En él, la obsesión de un narrador sin nombre por la obra del ficticio poeta americano Jeffrey Aspern (que lleva a un personaje secundario a afirmar: “Uno creería que usted aspira a encontrar en esos papeles la respuesta al enigma del Universo”) le sirve a James para efectuar un relato de la soledad, el abandono, el desamor, las obsesiones literarias y la decadencia de las llamadas “buenas familias”:

«No me importa quién seas; no quiero saberlo; hoy en día eso no significa casi nada».

Y el chisme no significa mucho, pero ¡qué historia la que cuenta! Hipnótico relato.

El otro texto es mucho menos conocido, de un autor que me ha brindado momentos de lectura, el italiano Giovanni Guareschi (1908-1968), creador del personaje Don Camilo. Ya se han difuminado mucho los cuentos e historias de Don Camilo, el cura católico del pueblo, enfrentado al alcalde comunista, Peppone, en un pueblo sin nombre del valle del Po (“La Baja”), que fueron llevados al cine por el director Julien Duvivier  protagonizados por el cómico francés Fernandel. Populares en un tiempo, han caído en una semipenumbra literaria.

Guareschi fue uno de los grandes escritores humorísticos de la Italia de la posguerra, y sus relatos, llenos de humanidad y solidaridad, reflejaron las tensiones de su tiempo, con notable acierto. Mi favorito de toda su obra es Emporio Pitacio, que es una vuelta de tuerca a la frase del evangelista en Mateo 13,57.

                                            Giovanni Guareschi, creador de Don Camilo

La historia es más o menos así:

El pueblo de Don Camilo ha dado un tenor lírico llamado Anteo Bigatti (y si saben mitología, sabrán que Anteo era un gigante muy fuerte que solo fue derrotado por Hércules, un semidiós), que en el pueblo conocen como Emporio Pitacio, con mucho de burla. La sorpresa del pueblo es general, pero una serie de triunfos da luego lugar al orgullo de ser “hijo del pueblo”; todos parecen saber que iba a llegar muy lejos, como sucedió. Olvidan las burlas, la sorna, las humillaciones brindadas: ahora todos vieron su genio y desean que se presente en el pueblo. La presentación es un desastre, y el cierre del relato es magistral: Anteo canta para quienes de verdad lo apoyaron: sus padres, ya fallecidos.

En ese relato se trasluce una manifestación muy natural del ser humano, la incredulidad ante el genio. Miren ustedes hoy cómo la gente les reclama a los artistas que triunfan que hagan algo por el pueblo que los vio nacer; como la gente se monta en el carro de la victoria. Una descripción de la vida misma, desde la aldea, como lo que es: un buen relato.

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